La palabra cosplay proviene de las palabras “costume” (disfraz) y “play” (juego/jugar), con lo que su traducción literal sería algo así como “juego de disfraces”.
Nadie sabe acerca de los orígenes del cosplay (en japonés, “kosupurei”), aunque se sospecha que comenzó en Japón. El cosplay en sí trata de confeccionarse uno mismo los trajes de personajes de manga, anime, videojuegos e incluso cantantes de J-Rock/J-Pop y llevarlo después a convenciones (como por ejemplo el ExpoManga de Madrid o el Salón del Manga de Barcelona).
En el cosplay no estás obligado a hacerte tú mismo el traje y demás, puesto que la mayoría de gente recurre a modistas debido a no tener ni idea de patronaje. No todos aquellos sin idea alguna de patronaje y/o corte y confección acuden a modistas, si no que a base de paciencia y tiempo se lo terminan haciendo ellos mismos.
Aunque mal visto por la gente “normal”, el cosplay es un hobby en el cual desarrollas tu imaginación. Porque… ¿qué telas puedes usar para esto o para lo otro? ¿Qué materiales vas a usar para hacerte el arma de X personaje? ¿Y las pinturas? ¿Y cómo estilizas tu peluca o cómo te aplicas el maquillaje?
En el cosplay desarrollas tu imaginación y te diviertes con todo el proceso de elaboración, además de que por muchos está considerado como un arte.
También existen cosplayers (“kosupureya” en japonés) que, a base de trabajar sus cosplays hasta el más mínimo detalle y hacerse un sitio en la red, se han hecho cosplayers internacionales. Tal son los casos de cosplayers como Adella (también llamada la “Aeris Gainsborough de carne y hueso”), Yaya Han, Francesca Dani, Giorgia, Nessa (conocida por su cosplay de Yuna) o Ayane.
Además, en cada convención se hace un concurso llamado World Cosplay Summit (WCS) en el cual algunos países participan. Los ganadores de cada país ganan un viaje a Nagoya (Japón) donde representarán a su país. Tras unas cuantas pruebas, se elige al mejor concursante (que va por parejas) como el país de mejor cosplay ese año.