Aunque su alma yacía más ligada al mundo terrenal que nunca, su cuerpo seguía inerte, gélido. El caminar de las secas y rojizas hojas le hizo levantarse, con la mirada fija en el muerto cuerpo. Se llevó las manos ensangrentadas a la cara, su rostro únicamente expresaba terror, fobia. Algo no iba bien… ¿Qué había hecho? Temblorosa volvió a caer de rodillas al suelo. El bosque se había quedado en un sepulcral silencio, donde la brisa susurraba extrañas cosas.
Miró sus muñecas y miró las de la joven, cuya piel había empezado a palidecer. Los antebrazos de ambas presentaban las mismas profundas heridas y un golpe de aire la hizo estremecer, entendiendo que había cometido el mayor error de su vida… su último error.